Por qué conviene evitar el “no” en las normas educativas

Para que puedas comprender por qué es mejor dejar claro lo que quieres cuando pides algo a alguien (en este caso, a tus hijos) más que repetir mil veces lo que no quieres, voy a usar un ejemplo.

  • Imagina que te doy un folio en blanco y un bolígrafo y te digo:

“No puedes escribir ninguna letra. Tampoco dibujar animales, ni casas, ni árboles. No se te ocurra hacer personas ni paisajes, ¿te queda claro?”. Y me voy.

Supongo que primero dudarías y y te quedarías algo bloqueado. Es posible que dediques unos instantes a pensar qué puede ser lo que realmente quiero que hagas o puede que, simplemente, decidas no dibujar nada.

  • Ahora imagina que te doy lo anterior y te digo:

“Dibuja el vehículo que quieras. Pero tiene que ser un vehículo, no puede ser otra cosa”.

Aunque he metido lo que no quiero, te he dejado claro lo que quiero. ¿A que ahora es más fácil?

 

Pues eso es lo que ocurre cuando le das normas o haces peticiones a tus hijos. Siempre es mejor usar la forma positiva aunque creas que es suficiente con decirle lo que no debe hacer. Incluso cuando digas primero lo que no quieres, es bueno acompañarlo con alguna sugerencia resolutiva.

Por ejemplo, imagina que tu hijo está revolucionado y le dices: “No saltes, no grites… ¿Quieres quedarte quieto?

Aquí lo que estarías haciendo es:

1º. Poner las normas en negativo.

2º. Hacer una pregunta que no soluciona nada.

En su mente (o incluso puede que te responda) puede decir perfectamente “no” a la pregunta formulada y no estar haciendo nada malo, sólo ser sincero en su respuesta.

  • Según he comprobado como madre es mucho más efectivo cuando digo por ejemplo: para de saltar y habla más bajo (además, tiendo a pedirlo por favor) y le doy otras opciones de actividades que puede hacer (dibujar, jugar con sus muñecos preferidos, etc) que si sólo le digo que no haga tal o cual cosa.
  • También me gusta acompañar una breve explicación para que él/ellos vean la coherencia de mi petición ya que no me gusta la educación dictatorial del estilo: me haces caso porque sí y punto.

En mi forma de ver, educar es enseñar. Si les explico por qué no pueden hacerlo, otra vez ya lo sabrán. Y si son reincidentes, un pequeño recordatorio suele ser suficiente.

 

Así que, más o menos, lo diría así:

Por favor, para de saltar y habla más bajo que ya es de noche y hay personas que quieren descansar (por ejemplo). Podrías jugar con (Y le propongo opciones. También le pregunto que le apetecería más de las propuestas que le he hecho o si se le ocurre otra cosa. Lo hablamos)”.

Así que es como decir: si quiero que dejen de hacer esto, ¿qué otra opción hay para ellos que les divierta? Sabiendo que son niños y que es natural que se muevan, que sean inquietos. Por ello, la mayoría de las veces les sugiero o les pregunto.

Y lo tengo más que comprobado: la educación funciona mucho mejor cuando los trato con paz (con calma interior) que cuando tengo algún tipo de tensión (esa es una de las razones por la que insisto en que es muy importante que los papás y mamás cuiden de sí mismos, de su interior).

 

 

Para terminar te sugiero que te observes cuando le das órdenes a tus hijos: ¿le hablas en positivo o al menos, añades una petición positiva a la frase que va con negación? ¿Le sugieres otras alternativas? ¿Estás dispuesto/a a hablar, a llegar a un acuerdo con ellos (siendo firme en tus límites)? ¿Tiendes a ponerte en su lugar?

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