Lo que nunca debes decirle a tu hijo (y es muy común)

 

Si una cosa tengo clara para este blog es que no quiero saturarte de normas, al contrario.

Creo que lo que más te va a ayudar como padre, madre o educador, es aliviar tus cargas emocionales, tus problemas, y buscar el lado divertido de la crianza.

Sin embargo, si tuviera que elegir tres normas fundamentales serían:

1. Cuida tu interior. Tus emociones y pensamientos. Esta es la pieza fundamental. Si tú no estás bien, no puedes darle lo mejor de ti a tus hijos.

2. Demuéstrale a tu hijo cuánto lo quieres, día a día, con muestras de afecto, cariño y comprensión. No des por hecho que lo sabe.

3. No le adjudiques a tu hijo adjetivos negativos, no lo etiquetes (doy por sentado que la violencia está descartada), salvo que sea exactamente eso lo que quieras conseguir de él.

La entrada de hoy, la baso en el tercer punto.

 

Lo que no debes decirle…

Con frecuencia escucho a muchos padres usar adjetivos negativos en sus hijos (malo, torpe, tonto, pesado, miedica, llorón, desastre, etc) y lo peor es adjudicarles la etiqueta constantemente (es malo, es torpe, es tonto, qué desastre es,…).

Y sé que no son conscientes de lo que hacen cuando caen en este error, por tanto, en ningún momento los culpo, pero quiero aportar un poco de conocimiento al respecto.

  • Algo que tienes que tener en cuenta es que los niños son esponjas y todo lo que le hagas creer, se quedará grabado en su subconsciente para el resto de su vida

El subconsciente constituye el 90-95% de nuestra mente. Sólo entre un 5-10% es el consciente. Así que, ¿cuál dirige nuestra vida? Sin duda, el subconsciente (aunque no nos demos cuenta).

Hay varias formas de grabar información en el subconsciente:

  1. Por repetición, aprendizaje.
  2. Por creencia.
  3. Por emoción y/o impacto. Shock. 

Por ejemplo, si le dices a tu hijo que es malo (o el adjetivo que sea que utilices con más frecuencia), él te va a creer (aunque a veces te responda que no lo es). Por tanto, se va a grabar en su mente. Si además, se lo repites constantemente, la grabación queda asegurada.

Y eso, le va a influir en su vida, en su personalidad, de una u otra manera.

Por tanto, si no quieres que tu hijo sea malo, ¡no le digas que es malo! Puedes decirle: “te estás portando mal” y la diferencia es abismal.

En este caso estás diciendo que la acción es mala, no él. Y que además es algo puntual.

  • Céntrate en lo que quieres y deja de focalizarte en lo que no quieres. Te podría explicar muchas cosas sobre este punto, pero te lo resumo así: lo que tienes en tu mente, eso es lo que vas a crear.

No quiero que mi hijo sea malo o quiero que mi hijo deje de ser malo“. La palabra, el concepto, la idea de malo, es lo que está en tu mente y la transmites a tu hijo. Por tanto, el subconsciente seguirá reproduciendo esto.

¿Qué quieres realmente? ¿Cuál es el adjetivo positivo? “Quieres que tu hijo sea bueno, que se porte bien”. Pues dale fuerza a eso (aparte habría que cuestionarse qué es bueno y qué es malo pero vamos a dejarlo así 😉 ).

  • Dale más peso a lo positivo. 

Haz un balance de a qué le das más importancia: ¿a lo que hace mal o a lo que hace bien?

Si le das mucho bombo a lo malo y dejas a un lado -o le das menos fuerza- a lo positivo, lo malo va a tener cada vez más peso.

Es lo que se va a grabar en su subconsciente junto con un montón de creencias colaterales. Siguiendo el ejemplo: “Soy malo. Mis padres no me quieren. No merezco que me quieran…”, etc.

Y esto va a tener consecuencias en su vida.

Incluso aunque parezca que el niño va a mejor “atacándolo”, obsérvalo. ¿Realmente va a mejor o se está volviendo introvertido, inseguro..? ¿O tal vez es más arisco, indiferente, rebelde..?

  • Si quieres que se porte bien, hazle saber que se está portando bien cuando lo hace. Porque, otro fallo es dirigirse al niño sólo para regañarlo en los errores y cuando lo hace bien, ignorarlo.

¿Para qué se va a portar bien, si no lo vas a notar? ¿Si no captas que se está portando bien? (Intenta recordar cómo te sentías en este aspecto cuando eras pequeño/a).  Al final, el niño puede frustrarse y rendirse.

“No hay nada que pueda hacer para que cambie su opinión sobre mí y vea que, en realidad, no soy malo, soy bueno”.

  • Otro punto que hay que tener en cuenta es: tu hijo quiere tu atención, quiere tu amor a toda costa. Y si tu atención significa que le tengas que estar regañando y diciéndole que es malo (o el adjetivo en cuestión), seguirá portándose mal con tal de conseguir que le hagas caso.

¿Quiere decir que siempre tienes que darle toda tu atención y olvidarte de ti mismo? No. Tal como dije en la entrada: ¿Cómo puede ayudarte en la educación, ser sincero y humilde con tus hijos?, es bueno tanto para ti como para tu hijo, establecer límites.

Pero no olvidar lo importante que es demostrarles con gestos de cariño que los amas y no dar por hecho que lo sabe.

  • Y para terminar, si tiendes a usar adjetivos negativos, detente un momento a ver qué ocurre dentro de ti. 

¿Cómo te sientes cuando le hablas así? Y por otro lado, ¿qué emociones te llevan a hablar así? 

Porque, obviamente si te sientes feliz, en calma, sin preocupaciones… Tu tendencia natural va a ser positiva, amorosa. Así que tal vez te venga bien leer la entrada: ¿Cómo nos puede ayudar el Ho’oponopono a padres, madres y educadores?


Resumiendo:

  • Tu hijo no es malo (o la etiqueta que se le adjudique). A veces se porta mal pero eso no es ser malo. Tenlo siempre presente.
  • Enfócate en las cosas buenas que hace y trata de ser su ejemplo.
  • Dale muestras de cariño. Dile lo mucho que lo quieres (y no utilices esto para conseguir que haga lo que quieres). Muéstrale que lo amas incondicionalmente (y es muy bueno, antes de dormir porque el subconsciente lo grabará). Si el niño recibe este “alimento” emocional, no necesitará portarse a menudo mal para llamar tu atención.
  • Establece límites siendo sincero y humilde con él/ella.
  • Si te resulta muy difícil, busca ayuda emocional. Aunque en este blog menciono el ho’oponopono y otras técnicas de liberación emocional (por su facilidad y eficacia) hay muchas otras técnicas que te pueden ayudar y sobretodo, si lo requieres, consulta con un especialista.

 

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