¿Cómo puede ayudarte en la educación, ser sincero y humilde con tus hijos?

 

 

Una de las cosas que hago es ser sincera y humilde con mis hijos, ¿quieres saber cómo puede ayudarte esta actitud?

Es posible que el mostrarte humilde y sincero con ellos (reconocerles tus errores, pedirles perdón, explicarles cómo te sientes en un determinado momento que necesitas que paren…) pueda parecerte sinónimo de perder firmeza, autoridad o tu “estatus” de padre o madre. Puede que creas que si lo haces, les darás pie a que “vayan por encima de ti”, a que sean más rebeldes y, como consecuencia, que te dominen.

Según mi experiencia no es así.

Por ejemplo:

Imagina que has tenido un día horrible, estás agotado y tus hijos están revolucionados y quieres que paren.

Opción a): te pones a gritar, les dices que paren… Pero cada vez van a peor (los niños no es que quieran fastidiarte, es que son auténticas esponjas. Cuanto más nervioso estés tú, más nerviosos están ellos). Los castigas y al rato, vuelven a lo mismo. Estás aún más agotado.

Opción b): te detienes un momento. Te pones frente a ellos y les hablas lo más calmado que puedas pero con firmeza. Les dices claramente:

“Ahora mismo estoy agotado, he tenido un día muy duro y veo que no tengo paciencia. Por favor, hablad bajo y jugad a algo más tranquilo. ¿Qué os parece hacer puzles?” (o cualquier otra actividad que a ellos les gusten que te ayude a mantenerlos calmados).

¿Qué opción crees que les hará mejor a ellos pero también a ti?

Otra situación:

Imagina que, de pronto, ocurre algo que te pone muy nervioso, estresado y tus niños están jugando jaleosamente. No están peleando ni haciendo nada malo, sólo que te molestan porque en ese momento te sientes muy alterado, así que les gritas o reaccionas con ellos exageradamente. 

Opción a): los niños lloran o protestan porque les has tratado mal. Y tú sigues gritándoles, los castigas o los mandas a callar. La tensión aumenta.

Opción b): los niños lloran o protestan porque les has tratado mal. Te detienes un momento y te das cuenta que tienen razón. Que en realidad el que se ha portado mal eres tú. A fin de cuentas son niños y no estaban haciendo nada malo. Entonces, más calmado les dices: “lo siento, os he gritado (o lo que sea que hayas hecho) y no era mi intención. La verdad es que me ha ocurrido algo que me ha puesto muy nervioso y vosotros no tenéis la culpa. Lo siento”.

Además se puede añadir según el caso:

“Por favor, ¿podríais jugar tranquilos con otra cosa? Por ejemplo con…. // ¿Me hacéis un favor? ¿Jugáis durante un rato con…, tranquilos, y después que solucione esto jugamos juntos a…?”

¿Qué opción te parece más abierta a dar con la solución? Además, con una solución pacífica, armoniosa para todos.

A mí las opciones b me funcionan muy bien. Lejos de que los niños se vuelvan más rebeldes, veo que actúan con comprensión porque además, les muestro respeto. Los estoy tratando como personas -teniendo en cuenta su condición de niños-, no como seres a los que tengo que dominar.

Es una experiencia mucho más enriquecedora para ambas partes.

  • Recuerda que los niños no son unos tiranos. Pero si los tratas sin respeto, sin comprensión, sin humildad y, por supuesto, también sin firmeza cuando es necesario…, entonces, les das pie a la rebeldía, los reproches, gritos…, y a que te falten el respeto.
  • Ser humildes y sinceros no es antagónico de firmeza. De hecho, pueden ir perfectamente unidos.

Por ejemplo: tienes por costumbre mandarlos a la cama a las 9. Un sábado que estás agotado cuando llega las 9, los mandas a dormir pero ellos te piden que los dejes más rato porque están viendo una película que acaba de empezar.

Aquí tienes la opción de seguir inflexible, o razonar (poniéndote en su lugar) ya que, en realidad, si un sábado se acuestan más tarde no pasa nada (salvo que un domingo en particular tengan que madrugar y les explicas esto).

Así que les dices: “Está bien, como hoy es sábado y mañana no hay colegio, os dejo hasta que termine la película, pero después, tenéis que ir a la cama, ¿vale?”.

Ahora, si una vez terminada la película siguen con otra cosa y otra, y no consigues que vayan a la cama, entonces, ya estás dejando de ser firme.

¿Ves la diferencia?

Por tanto, en el ejemplo anterior, la humildad y sinceridad se han unido a la firmeza: has reconocido el error y ajustas el límite de una forma más coherente, pero después, no vuelves a ceder o dejar pasar el acuerdo al que habéis llegado.

Así que resumiendo:

Ventajas de mostrarte humilde y sincero/a con tus hijos:

  • La educación se ve favorecida con el equilibrio. Tú no tienes que sobrepasar los límites de tus fuerzas. Tampoco eso es bueno porque se acostumbrarían a exigir mucho de los demás y deben saber que todos (hasta sus padres) tenemos límites. Pero, por otro lado, ellos ven que los tienes en cuenta.
  • Es totalmente compatible con la firmeza.
  • Ayuda a mantener la calma y armonía familiar.
  • Te ahorra gastar energía con gritos, enfados, discusiones…
  • Les enseñas a tener empatía por partida doble. Primero, porque tú te prestas a ponerte en su lugar, a escucharlos, a llegar a un acuerdo y cumplir tu parte. Segundo, porque les expresas cómo te sientes (sin dramas, por favor, que el punto opuesto sería andar todo el día quejándose a los niños de lo harto y cansado que estás) de una forma calmada, coherente y sincera.
  • Cuando los niños se ven respetados, aprenden a respetar y no necesitan mostrarse rebeldes.
  • Aprenden a ser humildes. A reconocer sus errores y buscar soluciones ya que, si mamá y papá -que son sus referentes en la vida-, también cometen errores y no tratan de ocultarlos, ni negarlos, y además, siempre buscan la manera de solucionarlo, el niño aprende a ser proactivo, responsable con sus acciones. Una actitud mucho más fructífera, positiva y saludable para cuando sea adulto.
  • Se estrechan los lazos entre tú y tus hijos. La relación se vuelve más gratificante.
  • A menudo verás que ellos se abren a darte consejos, a ayudarte moralmente, de la misma forma que tú haces cuando son ellos los que se encuentran mal. Descubres lo sabios y comprensivos que pueden llegar a ser.
  • Fomentas el amor.

Y recuerda, no pasa nada si alguna vez te equivocas. Todos somos humanos y el sentimiento de culpabilidad sólo empeora las cosas.

Lo importante es que hagas balance y te preguntes: ¿qué tipo de educación uso más la a) o la b)? Y rectificar cuando sea oportuno 😉

 


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