Una actividad simple (repleta de ventajas) para hacer con tus hijos

 

 

Desde que mi hijo mayor aprendió a hablar, siempre tuve la costumbre de comentar con él -con entusiasmo-, todas las cosas que habíamos hecho en el día. Esto incluía lugares, actividades y personas que visitábamos o nos visitaban.

Me encantaban esas conversaciones -sigo disfrutándolas mucho-.

Y siempre concluía diciéndole: «¡Qué día más completo!» (En sus primeros años, él lo llamaba el día largo de tantas cosas que encontrábamos para decir 🙂 )

Más adelante descubrí que eso que hacía inconscientemente, tiene la habilidad de

acentuar el enfoque positivo de las experiencias vividas.

 

¿Y qué importancia tiene esto?

 

  • Para empezar, tenemos que tener en cuenta que nuestro cerebro dispone de una gran plasticidad y esta cualidad es aún más patente en los niños.

Así que, si desde que son pequeños se realiza este tipo de actividad, fomentamos que su cerebro se desarrolle con un punto de vista mucho más positivo hacia la vida. De forma natural, estarán valorando y dándoles peso a las experiencias agradables del día (que en realidad son mucho más de las que creemos sólo que no estamos acostumbrados a darles la importancia que merecen).

 

  • De hecho, una de las herramientas que puede ayudar a superar la depresión en adultos es algo tan sencillo como encontrar tres momentos buenos que se hayan tenido en el día (por insignificantes que parezcan).

 

  • El recordar los momentos positivos y comentarlo con los niños, beneficia también a los papás y a las mamás porque nos ayuda a levantar el ánimo.

Viendo todos los beneficios que tiene algo tan simple (sobretodo si lo haces antes de dormir), decidí compartirlo en mi libro: El desván de la felicidad. Cuentos para crecer feliz, transformándolo en un cuento (Es el número 7, llamado: El león que quería vivir en la selva).

 

Pero aquí no acaban las ventajas… 😉

 

  • Según estudios científicos: «los hijos cuyas madres hablan con ellos cuando están realizando una actividad y después de finalizada dicha actividad, continúan hablando de ella abiertamente, recordando las experiencias vividas conjuntamente, tienen más memorias autobiográficas que los hijos de madres que no hablan con sus hijos». («Psicología de la memoria»; Soledad Ballesteros). 

Es decir, algo tan simple como hablar con ellos de los momentos compartidos, ayuda a aumentar la memoria a largo plazo en los niños.

 

  • Por si todo esto fuese poco, la guinda que más te animará a seguir practicándolo es notar como la unión entre tú y tus hijos se incrementa con este tipo de conversaciones. Y esto aporta una hermosa sensación de bienestar.

 

Si es que lo simple puede ser muy poderoso. ¿No te parece? 😉

 

»» Te puede interesar: ¿Por qué leer El Desván de la Felicidad?

 


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